¿Qué se conmemora?

BICENTENARIO DE LAS INSTRUCCIONES DEL AÑO XIII

¿Qué se conmemora?

Independencia, libertad republicana y unión de los pueblos.
A doscientos años de las Instrucciones del Año XIII[1]

Ana Frega[2]

Monarquía constitucional o república representativa, soberanía de la nación o soberanía de los pueblos, unitarismo o federalismo fueron algunas de las oposiciones que se plantearon en los territorios americanos a partir de la crisis de la monarquía española. Además de una discusión doctrinaria, las alineaciones políticas en los territorios al este del río Uruguay reflejaron viejos conflictos jurisdiccionales –con la antigua capital del Virreinato del Río de la Plata, por ejemplo- y diferentes posturas frente a la convulsión del orden social que acompañó la revolución y la guerra.

En octubre de 1812, el gobierno de Buenos Aires convocó a una Asamblea General Constituyente que debía decidir sobre los vínculos con España y redactar una Constitución para el antiguo Virreinato. Dado que consideraba los territorios de la “Banda Oriental” como parte integrante de la intendencia bonaerense, la representación debía limitarse a un diputado por Montevideo y otro por Maldonado. Además, instalada ya la Asamblea Constituyente, el 8 de marzo de 1813 se resolvió que los diputados representarían a “la nación”, es decir, al “todo de las provincias unidas colectivamente”, no pudiendo obrar como comisionados de los pueblos que los habían electo.[3]

El artiguismo, en oposición a esa postura centralista y unitaria, había proclamado la “soberanía particular de los pueblos” como “dogma y objeto único de la Revolución”.[4] En esa perspectiva, todos los pueblos, villas y lugares que constituían la base social del movimiento habían reasumido sus derechos soberanos y, por ello, debían participar en pie de igualdad en la edificación del nuevo orden político.

En este contexto, hace doscientos años, en el campamento militar de las fuerzas artiguistas en Tres Cruces delante de la ciudad de Montevideo sitiada, se reunieron vecinos emigrados de dicha plaza, habitantes de sus extramuros y diputados de veintitrés pueblos de la banda oriental del río Uruguay. “En ese embrión de nación de 1813 ya germinaban los principios de la democracia política que luego marcarían nuestro orgullo nacional”, señaló el historiador José Pedro Barrán.[5] En efecto, allí se definió un camino alternativo para la revolución del Río de la Plata, basado en los principios de independencia, libertad republicana y unión de los pueblos.

Como indicó José Artigas en su “oración inaugural” ante el congreso, era la segunda vez que los orientales hacían uso de su soberanía. La primera había sido en octubre de 1811, cuando un grupo numeroso de población civil resolvió acompañar la retirada de las tropas comandadas por Artigas, nombrado Jefe de los Orientales, antes que someterse nuevamente al dominio hispánico y quedar expuesto a las represalias de españoles y portugueses.[6] En la Navidad de 1812, en un enérgico oficio a Manuel de Sarratea, representante del gobierno de Buenos Aires y general en jefe del ejército de operaciones en la Banda Oriental, Artigas recordó la importancia de tal decisión: “en la constancia del pueblo oriental sobre las márgenes del Uruguay, se garantieron los proyectos de toda la América libre.”[7] Había comenzado a tomar forma un movimiento por la defensa de la soberanía de los pueblos, que se extendería a otras regiones del Río de la Plata. Como indicó Artigas en la misma comunicación, los enemigos no eran el dominio español o los españoles europeos: “la cuestión [era] solo entre la libertad y el despotismo”.

El acta del congreso, fechada el 5 de abril de 1813, expresó la constitución formal de la Provincia Oriental “como provincia compuesta de Pueblos Libres”, y estableció que “la confederación defensiva y ofensiva de esta banda con el resto de las Provincias Unidas” era la condición para el reconocimiento de la Soberana Asamblea Constituyente que estaba sesionando en Buenos Aires.[8] En la oración inaugural Artigas había indicado que el propósito era la “salvaguardia general al derecho Popular”, lo que “ni por asomos se acerca á una Separación nacional”.[9] En otras palabras, se trataba de una asociación voluntaria en la cual esos cuerpos territoriales conservaban todo poder o derecho no delegado expresamente, así como la capacidad de ratificar o rechazar lo actuado por sus representantes.

Las ideas artiguistas reconocían múltiples influencias. Las nociones de contrato, así como los derechos y obligaciones que implicaban, formaban parte integral de la vida cotidiana. La actividad económica, la vida comunitaria, la fe religiosa estaban cruzadas por ellos. Recogían referencias a una igualdad primigenia, se fundamentaban en el derecho natural y la Ilustración, y dialogaban con el republicanismo clásico y las experiencias revolucionarias de su tiempo. Entre las referencias doctrinarias más próximas se encuentran los artículos publicados por Mariano Moreno en la “Gazeta de Buenos-Ayres” ‑especialmente la serie “Sobre el Congreso convocado y Constitución del Estado” aparecida entre 1º de noviembre y el 6 de diciembre de 1810- y la obra publicada en Filadelfia en 1811 por Manuel García de Sena, La independencia de la Costa firme justificada por Thomas Paine treinta años ha, que traducía escritos de Paine y textos políticos fundamentales de la revolución anglo americana. Lejos de copiar “recetas” o “modelos”, el artiguismo realizó una apropiación selectiva y una reelaboración en función de los objetivos trazados. Por ejemplo, defendió la multiplicidad de soberanías o el mantenimiento de los cabildos como expresión representativa de los pueblos, propios de un contexto donde los cuerpos colectivos tradicionales seguían reclamando sus fueros y estatutos particulares.

El acta consignó también la elección de los diputados de esta “Provincia Oriental del Uruguay”, elevando a seis el número de representantes: dos por Montevideo, como capital de la provincia, uno por cada villa con cabildo -Canelones, Santo Domingo Soriano y Maldonado-, y uno por los pueblos de San José y Santa Lucía, en el entendido de que teniendo ambos medio cabildo, constituían una diputación.

Los diputados a la Asamblea Constituyente actuarían de acuerdo con las Instrucciones otorgadas por sus pueblos. Ese el origen de las “Instrucciones del Año XIII”.[10] Los diputados debían reclamar la independencia de España y de la familia de los Borbones, disolviendo así “toda conexión política” entre las colonias y “el Estado de la España”. Además, debían reafirmar la formación de una unión confederal de las Provincias del Río de la Plata, promover la libertad civil y religiosa “en toda su extensión imaginable”, así como el establecimiento de la división de poderes y frenos constitucionales al “despotismo militar”, que aseguraran “inviolable la Soberanía de los Pueblos”. También debían reclamar el derecho a tener una “Constitución territorial” y “sancionar la general de las Provincias Unidas”. La Provincia mantendría la potestad de fijar su gobierno, administrar los bienes públicos, levantar su ejército y habilitar puertos para el comercio, disponiéndose la libre circulación de los bienes al interior de los pueblos de la confederación. El nuevo orden político adoptaría la forma de gobierno republicana.

Sobre estas bases recogidas en el texto autenticado por José Artigas el 13 de abril de 1813, los pueblos redactaron las instrucciones para sus diputados, incorporando o quitando artículos, pero manteniendo la voluntad de “conferenciar con los otros diputados de este territorio a fin de caminar al logro de la felicidad de la Provincia”.[11] Como ha señalado el historiador Eugenio Petit Muñoz, la nueva república se iría edificando desde abajo: pueblos libres decidiendo unirse en una provincia; provincias libres resolviendo estrechar lazos de unión bajo la forma de una confederación.[12]

Las “Instrucciones del Año XIII” definieron un camino alternativo para la revolución del Río de la Plata, que a pesar de no poder concretarse, dio forma a un movimiento por la defensa de la soberanía de los pueblos, que se extendió a otras regiones del Río de la Plata. Doscientos años después, los principios de independencia, libertad republicana y unión de los pueblos mantienen su fuerza y su vigencia.

 


[1] Estas notas extractan fragmentos de trabajos de mi autoría como, por ejemplo, Pueblos y soberanía en la Revolución Artiguista (2ª ed., Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 2011) y “Soberanía y orden en la Banda Oriental del Uruguay. Espacios de frontera y tiempos de revolución”, en A. Annino y M. Ternavasio (coords.), El laboratorio constitucional iberoamericano: 1807/1808-1830, Madrid, Iberoamericana-Estudios AHILA, 2012, pp. 237-260.

[2] Profesora de Historia del Uruguay en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Universidad de la República y Profesora de Historia Regional Platense hasta 1830 en el Instituto de Profesores “Artigas”.

[3] Ravignani, Emilio (ed.), Asambleas Constituyentes Argentinas, Buenos Aires, Instituto de Investigaciones Históricas/Facultad de Filosofía y Letras, 1937, tomo I, pp. 20-21.

[4] Cláusula octava de las Instrucciones dadas al Dr. Tomás García de Zúñiga para el desempeño de una negociación con el nuevo gobierno en Buenos Aires a comienzos de 1813. (Comisión Nacional “Archivo Artigas”, Archivo Artigas -en adelante CNAA-, tomo IX, Montevideo, Monteverde, 1968, p. 249.)

[5] Barrán, José Pedro, “Respuestas a las preguntas que nos formulara la Comisión de Educación y Cultura del Senado de la República”, en J. P. Barrán, Epílogos y legados. Escritos inéditos. Testimonios, Montevideo, Ediciones de la Banda Oriental, 2010, p. 125.

[6] Las autoridades en Buenos Aires, antigua capital virreinal y entonces sede del gobierno revolucionario, habían ratificado un armisticio con el gobierno españolista de Montevideo cediéndole el control de los territorios al este del río Uruguay y algunos pueblos de la ribera occidental. Justificaron tal medida por la necesidad de recomponer sus fuerzas ante las derrotas sufridas en el Alto Perú (actual Bolivia), la invasión de tropas lusitanas a la Banda Oriental y el bloqueo al puerto de Buenos Aires por parte de la armada montevideana, a lo que se sumaron las presiones de Gran Bretaña para restablecer la paz en la zona.

[7] Bruschera, Oscar, Artigas, Montevideo, Biblioteca de Marcha, 1971, pp. 83-89. Oficio fechado en Costa del Yi.

[8] CNAA, Tomo XI, Montevideo, Monteverde, 1974, pp. 78-80.

[9] Ibídem, pp. 67-70.

[10] Ibídem, pp. 103-104. Copia autenticada por José Artigas de las Instrucciones dadas a los diputados que debían concurrir a la Asamblea, fechada delante de Montevideo, 13 de abril de 1813.

[11] Así indica la parte final de las Instrucciones que otorgó el pueblo de Santo Domingo Soriano a su diputado el 18 de abril de 1813. CNAA, Tomo XI, pp. 115-116.

[12] Petit Muñoz, Eugenio, “Valoración de Artigas”, en: Narancio, Edmundo (dir.), Artigas, Montevideo, El País, 1951, pp. 299-315. Cabe señalar que en la postura de Petit Muñoz, el proyecto artiguista preveía que al término de la guerra se “refundiría en una sola soberanía las hasta entonces diferentes soberanías provinciales”, formando una república federal al estilo de los Estados Unidos de América.

CELEBRACIÓN DEL PROCESO DE EMANCIPACIÓN ORIENTAL (2011-2015)

Con motivo de la celebración del Bicentenario del Proceso de Emancipación Oriental enmarcamos los festejos en un espacio de libertad, igualdad, justicia y solidaridad que convoque a los uruguayos más allá de toda frontera a recordar juntos un momento de su historia y a proyectar su futuro. Estos valores fundamentales nos permitirán repensar nuestras identidades en la ocasión de rememorar aquellos hechos que durante el año de 1811 formaron parte de los procesos regionales que determinaron, a través de distintos ensayos de organización política, la formación de nuestro país y de otras repúblicas en la región. Estos años de conmemoración nos permitirán afirmar nuestro sentido de pertenencia como sociedad uruguaya y asegurar la integración de las diversas identidades que nos caracterizan. Todo ello se suma a la idea de construcción de la república, como uno de los principales fundamentos de la tradición del artiguismo que queremos sostener aún en nuestros días.

Por tratarse de valores que surgen de nuestro pasado histórico, están presentes en la actualidad y nos inspiran para la construcción de un futuro más integrador, próspero y de avanzada.

En la conmemoración recordaremos acontecimientos como lo fueron en 1811, el “Grito de Asencio” que marcó el comienzo de la insurrección de este lado del Uruguay (28 de febrero), la Proclama de José Artigas a sus Compatriotas, desde el Cuartel General en Mercedes (11 de abril), la Batalla de Las Piedras (18 de mayo) que tuvo como consecuencia el sitio a la ciudad de Montevideo, la Asamblea de la Quinta de la Paraguaya en la que José Artigas fue elegido como Jefe de los orientales (10 al 23 de octubre) y su culminación en el “Éxodo” entre el 23 de octubre y las primeras semanas de diciembre en que los orientales finalmente cruzaron el río Uruguay para instalarse en el Ayuí.

En esta conmemoración se espera la participación de los actores de los procesos del pensamiento y de la construcción política, del mundo del trabajo, de la educación, de la creación artística en todas sus manifestaciones, del deporte, de las comunidades locales y de los uruguayos en el exterior.

Las celebraciones y festejos que haremos fortalecerán nuestras identidades porque nos proponemos reflexionar sobre la larga búsqueda de doscientos años hasta llegar a ser quienes somos. Será una ocasión para reafirmar el respeto por nuestras diferencias así como la posibilidad de encontrar factores de comunidad que nos permitan participar de diversos procesos sociales. Como ocurrió durante el Éxodo, en el que marcharon mujeres y hombres de la ciudad, de las villas y del campo, comerciantes y hacendados, esclavos y negros libres, zambos, criollos pobres e indios incorporados a la sociedad colonial o en sus comunidades autónomas, que encontraron en esos procesos sociales y políticos una oportunidad para resguardar sus posesiones, encontrar un espacio de poder político, cambiar su condición o participar de una esperanza de libertad.

Libertad, igualdad, justicia y solidaridad son principios que nos integran porque respetamos las diferentes concepciones que tiene cada habitante del país y porque nos permiten disfrutar, sin temor a las discrepancias, de la convivencia y de la construcción colectiva.

Así la celebración del Bicentenario será de todos y de cada uno de nosotros, sean cuales fueren los ideales que podamos sostener, las creencias individuales y las maneras diversas de interpretar nuestra historia. Será un tiempo en el que cada ciudadana y cada ciudadano podrán verse a sí mismos, reflexionar sobre aquello que los hace sentir entre iguales y les posibilita vivir integrados en la comunidad de los uruguayos dentro y fuera del país. Una historia para reflexionar: Los procesos que culminaron con la formación de de nuestro país han construido formas de pensar y hábitos culturales que se identifican con nuestro carácter y con una cultura nacional. Este núcleo de ideas y sentimientos comunes son los que nos consolidan en la diversidad y en la unión. Nos han dado la entereza y la valentía necesarias para que las sucesivas generaciones de uruguayos pudiéramos enfrentar, a través del tiempo, muchas situaciones adversas.

Por estas razones es importante reflexionar sobre nuestra Historia, conocer aquellos hechos que algunos consideran fundacionales de la nacionalidad mientras que otros los enmarcan en diversos procesos de organización de los estados en la región rioplatense, recuperar las distintas identidades étnicas y sociales de las personas que participaron de la revolución en múltiples modalidades, generar pensamiento crítico sobre el pasado, debatir con respeto por todas las opiniones y todas las visiones particulares e individuales y, finalmente, también es importante divulgar nuestras particularidades ya que nos caracterizan y enorgullecen.  

Un presente para vivir:

En estos doscientos años se ha construido una sociedad con un sentido de pertenencia a nuestro suelo, a nuestro pasado y a ciertos comportamientos culturales que nos son comunes, “que nos permiten ser de un modo parecido pero ligeramente diferentes, según la visión que cada uno tiene del mundo”.

Entendemos hoy que es necesario incrementar ese sentimiento, fortalecer la libertad, la independencia y la construcción permanente de nuestro ser colectivo: otorgar este sentido a los festejos en el camino del respeto a la diversidad y en el disfrute y el compromiso del ciudadano respecto del presente del que es protagonista.

Por estas razones tenemos que celebrar, respetar la identidad diversa de colectividades, grupos y personas, apreciar los cambios constantes porque ellos nos permitirán continuar desarrollándonos como una sociedad con características culturales propias.  

Un futuro para proyectar:

Las oportunidades para construir y transformar exigen adaptación a los cambios, reconocer que vivimos en un país que otros construyeron así como nosotros construimos para las nuevas generaciones. Asimismo estas oportunidades exigen una actitud colectiva de participación y reconocimiento en lo que tenemos en común, que nos identifica y distingue pero que nos une también a otros pueblos en la región, en el continente y en el mundo, en la oportunidad del Bicentenario de aquellos procesos políticos que conmovieron a Europa y América en el lapso de unos pocos años.

El futuro como creación desde el presente, según el pasado histórico que es necesario revalorizar, es posible con la participación de todos.

Seremos y nos transformaremos de continuo sin perder la personalidad colectiva ni la convivencia republicana. Por lo tanto para un país en crecimiento, también es importante forjar posibilidades de trabajo, tener motivos para la esperanza, educar para un pensamiento crítico, autónomo y con futuro, favorecer la investigación, la innovación, la justicia y el respeto por la persona y la diversidad en todos los órdenes de nuestra vida social.

Con motivo de la celebración del Bicentenario del Proceso de Emancipación Oriental, enmarcamos los festejos en un espacio de libertad, igualdad, justicia y solidaridad que convoque a los uruguayos más allá de toda frontera a recordar juntos un momento de su historia y a proyectar su futuro.

Comisión Bicentenario

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